Beneficios y riesgos de la exposición solar

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La exposición solar, de forma moderada, es esencial para la salud física y mental. Sin embargo, un exceso de radiación UV tiene efectos nocivos para la salud de la piel que pueden ser graves. Conocer los riesgos del sol, sobre todo en el verano, es fundamental para controlarlos y aprovechar así todos sus beneficios.

Los beneficios del sol

La exposición diaria al sol, en pequeñas dosis (15 minutos al día es suficiente), comporta beneficios importantes en la salud.

En el organismo, es necesaria para la síntesis de la vitamina D (también llamada “la vitamina del sol”), indispensable para ayudar al cuerpo a absorber y fijar el calcio, un mineral que es esencial para el desarrollo óseo, la salud muscular y el buen funcionamiento del sistema inmunitario.

Por otro lado, el sol es un gran estimulante del estado de ánimo. La luz natural aumenta la producción de serotonina, la hormona de la felicidad. Y los días más largos y el aumento de las temperaturas invita a hacer más vida fuera de casa. Todos estos aspectos se convierten en un remedio excelente para levantar el ánimo y tratar algunos tipos de depresión, como la estacional.

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Los riesgos del sol

La epidermis genera melanina, un pigmento natural que da el color y la tonalidad a la piel y al cabello. Cuando exponemos la piel al sol, la melanina tiene la función de absorber la radiación ultravioleta y, según el tipo de piel, lo hará con más o menos eficacia. Por tanto, el tan deseado bronceado no es más que un mecanismo de defensa natural de la piel frente a la agresión solar. Si excedemos la cantidad justa de sol que necesita nuestro organismo, la melanina no ofrece la suficiente protección, lo que puede tener consecuencias dañinas para la salud de la piel. Se pueden producir:

  • Quemaduras solares o eritemas, una reacción inflamatoria que se manifiesta por un enrojecimiento y una congestión de la piel.
  • Alteraciones pigmentarias de la piel, como la aparición de manchas (generalmente en la cara, el dorso de las manos y el escote en la mujer, y en la cabeza de los hombres), melasma (también llamado “paño del embarazo”) o vitíligo (manchas blancas en la piel).
  • Sensibilidad excesiva a la radiación UV (fotodermatitis), que puede causar una erupción solar benigna, acné o, de forma menos común, urticaria solar.
  • Fotoinmunosupresión, que destruye las defensas de la piel, lo que puede favorecer la aparición de una infección viral latente, como el herpes.
    A largo plazo, el exceso de sol es el agente con más influencia sobre el envejecimiento prematuro de la piel, que se manifiesta con la aparición de arrugas, surcos, manchas y vascularización, una pérdida de elasticidad y firmeza y, en última instancia, puede causar cáncer de piel.

La mejor prevención: la protección

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Para disfrutar del sol y de sus beneficios, pero controlando sus riesgos, es fundamental seguir una serie de recomendaciones. El tipo de piel, el momento del día, la intensidad de la radiación y la forma de exposición al sol son fundamentales para evitar problemas de salud. Además, debemos tener en cuenta que los melanocitos (las células productoras de melanina) se van reduciendo según va avanzando la edad, hasta en un 10 por ciento cada década.

En general, debemos tener en cuenta aspectos como:

  • Reducir el tiempo total de exposición al sol.
  • Evitar las horas cercanas al mediodía, sobre todo en verano, cuando el sol es más fuerte.
  • Buscar la sombra.
  • Protegerse con gorra, gafas de sol y ropa adecuada.
  • Las quemaduras de sol durante la infancia son especialmente preocupantes. La piel de los niños es más frágil y más vulnerable a los efectos nocivos de los rayos UV, por lo que no deben exponerse de forma directa al sol.
  • Utilizar siempre filtros solares para protegernos, incluso en invierno. Deben tener un FPS elevado (actualmente se considera que un FPS de 30 es el mínimo adecuado) y proteger tanto de los rayos UVA como de los UVB. Hay que aplicar una cantidad generosa unos 30 minutos antes de salir de casa, y repetir con frecuencia, sobre todo al salir del agua, si hemos sudado o tras secarnos con una toalla.

También debemos saber que algunos alimentos estimulan la producción de melanina, lo que nos ayuda a protegernos de los efectos nocivos del sol: los carotenos y la vitamina C, que encontramos en frutas y vegetales, y los antioxidantes, como la vitamina E o el licopeno, que está presente en alimentos como la sandía, las uvas, los albaricoques y, en especial, el tomate.