¿Tu dieta es la adecuada? 8 cosas que te pueden dar pistas

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El cuerpo humano es muy listo y, si no le gusta cómo lo tratas, siempre da alguna señal de que lo estás haciendo mal. El dolor, por ejemplo, es un síntoma de que algo le molesta y tu cuerpo te dice que le duele para que pongas remedio. La sed, el hambre… son mensajes básicos y evidentes, que te da el cuerpo para que lo rehidrates o lo nutras.

Algunos signos son muy sutiles, en cambio, y, en materia de nutrición, pueden serlo en gran medida. Hay que saber interpretarlos. Aquí te presentamos ocho sutiles mensajes de tu cuerpo.

1. Tienes mal aliento. ¿Comes lo suficiente?

El mal aliento puede ser causado por varios factores: desde problemas dentales (incluyendo una higiene deficiente) hasta el café o el tabaco. Pero es poco conocido que también puede ser consecuencia de una falta de nutrientes.

Cuando el cuerpo tiene falta de glucosa para convertir en energía, la obtiene de las reservas de grasa, lo que genera un proceso metabólico llamado cetosis y produce unos compuestos llamados cuerpos cetónicos. La presencia de esos cuerpos se puede detectar a veces en el aliento, que huele como al disolvente del esmalte de uñas. De modo que el mal aliento puede ser señal de que no comes lo suficiente.

Las dietas bajas en hidratos son más proclives a generar este proceso. El caso más extremo es el de los diabéticos tipo 1, en quienes ese olor revelaría falta de insulina y que deben acudir al médico.

2. Tienes el pelo más fino. ¿Puede ser falta de hierro?

Son muchos los problemas que genera la falta de hierro. Es imprescindible para generar los glóbulos rojos, que son los responsables de llevar el oxígeno a las células de todo el cuerpo, a través de la sangre. Una de las consecuencias de su falta es que el pelo se hace más delgado y débil.

Hay muchos alimentos ricos en hierro: las espinacas, el brécol, las legumbres (lentejas, garbanzos y guisantes), la carne roja, y pueden paliar esta carencia. Las mujeres en edad fértil deben asegurarse de seguir una dieta con suficiente hierro, pues la menstruación puede afectar a los niveles de hierro. Igualmente, es frecuente que las embarazadas sufran esta carencia y esta es la razón de que los médicos les receten suplementos de hierro durante el embarazo.

3. Tienes diarrea que no remite. ¿Podrías ser celíaco?

La celiaquía es una enfermedad descrita hace no más de 35 ó 40 años y es una reacción del sistema inmunitario frente a una proteína presente en el trigo y otros cereales llamada gluten. Cada día oímos de más gente que la padece, hasta el punto que se podría decir que está “de moda”. La realidad es que probablemente muchos autodenominados celíacos tienen no más que una intolerancia al gluten, que no es lo mismo que la enfermedad. Y también nos podríamos preguntar cómo es que ahora hay tantos problemas con el gluten. Hay estudios que advierten de que el quid podría estar en los nuevos cereales manipulados genéticamente… Pero esto se sale del alcance de este artículo. El caso es que hay mucha gente que no tolera el gluten y esto se manifiesta en hinchazón, adelgazamiento, indigestión y… diarreas persistentes, que desaparecen al suprimir el gluten de la dieta.

Cualquier persona con estos síntomas debería acudir al médico para investigar si esa proteína puede ser la causa.

4. Estás estreñido. ¿Bebes suficiente agua?

Una de las causas de un estreñimiento persistente es la falta de fibra en las heces, y de ahí que se recomienden alimentos ricos en fibra e incluso suplementos de fibra. Pero también la falta de agua puede generarlo: el agua es necesaria para ablandar las heces y facilitar su circulación intestino adelante para su posterior evacuación.

Si tienes estreñimiento debería incrementar tu ingesta de fibra y, desde luego, beber el agua suficiente; te recordamos: dos litros y medio diarios es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

5. Tienes grietas en la comisura de la boca. De nuevo ¿falta de hierro?

Pueden deberse a una infección, ya sea bacteriana o vírica, y son esas boqueras, molestísimas cuando no dolorosas, y que tardan en curarse. Los médicos hablan de estomatitis angular.

Puedes probar a aplicarte vaselina o manteca de cacao, pero si no remiten, acude al médico para que investigue a qué se deben. De nuevo, pueden ser causa de falta de hierro.

6. Estás bajo de energía. ¿Tomas demasiado azúcar?

En esta web hemos hablado en varios artículos del exceso de azúcar y sus consecuencias. En ocasiones, el exceso de hidratos de carbono (como el azúcar) puede causar, paradójicamente, “bajones” de energía, con un cansancio anormal.
La causa es que el exceso de azúcar produce en un primer momento una subida de insulina, para inmediatamente generar esa disminución súbita. Es común pensar que la causa es falta de azúcar, cuando en realidad el problema es el exceso. El círculo vicioso está servido.

Reducir la ingesta de azúcar estabilizará los niveles, evitando ese efecto tobogán.

7. Orinas con frecuencia. ¿Puedes estar deshidratado?

Si la vejiga está llena, avisará al cerebro para que emita la señal de que hay que ir al cuarto de baño. Hasta aquí todo claro, ¿verdad?: si hay exceso de agua, habrá que eliminarla. Pero es que hay otro factor que desencadena la urgencia de orinar y es una orina demasiado concentrada. Puede no ser mucha, pero si está así de oscura, puede deberse a falta de hidratación y, aun así, el cuerpo te pedirá orinar, lo que empeora las cosas, llegando a crear un principio de deshidratación.

Además, si esto sucede con frecuencia la vejiga puede irritarse y exigir aún más visitas al cuarto de baño. El café –la cafeína– también puede generar estos efectos.

8. Tienes reflujo. ¿Bebes demasiado alcohol?

Esa horrible sensación de quemazón que se produce tras por ejemplo una cena copiosa se debe a que el contenido del estómago, de una acidez extrema debido a los jugos gástricos, invierte el recorrido y vuelve, esófago arriba. Está provocado por un mal funcionamiento de la válvula que cierra el estómago (el esfínter esofágico) que en condiciones normales permite la entrada, pero no la salida.

Habiendo otras causas del reflujo (fumar, el café, el exceso de peso, el embarazo) el alcohol es un conocido factor desencadenante, pues puede generar que el esfínter se relaje en demasía y no cumpla su función adecuadamente.