Otitis: me duele el oído

La otitis es una inflamación del oído debida, generalmente, a una infección. Suele ser dolorosa y afecta a gran parte de la población, especialmente a los niños. El Dr. Ricard Bargués, especialista en otorrinolaringología del Centro Médico Mútua General de Catalunya, nos habla sobre los síntomas, el tratamiento y la prevención de esta patología.

¿Qué es la otitis y qué tipos hay? La otitis viene, como el propio nombre indica, de oto, que significa oreja, oído, y itis, que significa inflamación. Por lo tanto, es una inflamación del oído.Si la clasificamos de forma anatómica podemos hablar de dos tipos de otitis.

La otitis externa, también llamada “otitis del nadador”, es una inflamación, irritación o infección de la parte externa del oído y del conducto auditivo externo. Puede cursar de forma aguda, si se presenta de forma repentina y dura poco tiempo, o crónica, si los síntomas son recurrentes o permanecen durante más de tres meses

La otitis externa más común es la aguda, en la que se produce una infección de la piel del conducto, originada, sobre todo, por la humedad y el calor. Suele aparecer en verano porque cuando nos bañamos la oreja retiene humedad, y como la cera también retiene la humedad, la piel está macerada, por lo que los gérmenes pueden penetrar y se puede producir un proceso inflamatorio. Esta piel, cuando se inflama, como tiene muy poco tejido debajo, no se puede expandir y tira de las terminaciones nerviosas, lo que hace que sea francamente dolorosa. Sin embargo, no siempre sucede en verano ni a causa de la humedad. La infección puede producirse por cualquier motivo que dañe la piel del canal auditivo, como piel seca, un eccema, rascarse demasiado, una limpieza inadecuada (como con los típicos bastoncillos de algodón) o la introducción de objetos que pueden lastimar el canal auditivo.

Es común que la otitis externa aguda se produzca con más frecuencia en la infancia, entre los 7 y los 12 años, y en adultos, entre los 65 y los 74 años.

La otitis media es la que afecta al oído medio, el espacio lleno de aire de detrás del tímpano y que contiene los pequeños huesos vibratorios del oído y está provocada, sobre todo, por infecciones que pueden venir de la nariz. Generalmente se produce cuando la trompa de Eustaquio (el conducto que conecta el oído medio con la garganta y ayuda a equilibrar la presión entre el oído externo y el oído medio), queda obstruido por diferentes motivos. Como la función de esta trompa es drenar el líquido que se produce en el oído medio (exudado), si no funciona correctamente se produce una inflamación y el líquido se acumula, lo que favorece el desarrollo de bacterias y virus.

Es una afección común en los niños (el 80% padece al menos un episodio de otitis media antes de los 3 años), pero puede afectar también a los adultos.

Puede cursar de forma aguda y de forma crónica. La otitis media aguda es más típica del invierno y se suele originar a partir de un proceso catarral que se complica, porque el líquido y el moco quedan atrapados dentro del oído y se produce una infección que provoca hinchazón y enrojecimiento. La otitis media crónica suele desarrollarse por una complicación a partir de alteraciones, como por ejemplo un colesteatoma (un quiste en la piel que se forma dentro del oído medio). O por supuraciones originadas por una irritación crónica del oído medio cuando hay una perforación timpánica. El líquido perdura en el oído medio o aparece de forma recurrente durante más de tres meses. Ésto no implica que sea más grave, pero puede durar mucho tiempo o incluso no curarse.

¿Qué síntomas tiene? Los síntomas más comunes de la otitis y que nos deben poner en alerta son el dolor, sobre todo en las otitis externas, que son sumamente dolorosas; la otorrea, es decir, la supuración de la oreja; y la hipoacusia, la pérdida auditiva o la bajada de la audición, que se origina por el vacío que se produce en la caja del oído medio.

En los bebés y en los niños pequeños puede ser más difícil identificar el problema, así que debemos prestar especial atención si presentan irritabilidad, llanto, dolor de oído, sobre todo al acostarse, si se tocan a menudo o se dan tirones de las orejas, pérdida del equilibrio, dificultad para oír, fiebre o problemas para dormir.

¿Cuál es el tratamiento para la otitis? En la otitis externa el tratamiento depende de la gravedad y del dolor. Lo más común es aplicar terapia farmacológica con analgésicos y antiinflamatorios. O antibióticos para atacar la infección en el caso de los adultos. En la otitis media crónica se debe recurrir primero al tratamiento médico, para intentar eliminar la infección, y después reparar el defecto o alteración del oído medio que la ha provocado, que muchas veces implica una solución de tipo quirúrgico.

¿Qué consejos debemos seguir para prevenir las infecciones de oído? La prevención de la otitis externa o del nadador consiste básicamente en mantener el conducto limpio y seco, sobre todo en verano y si nos bañamos con frecuencia en la piscina o en el mar. Lo más cómodo es poner unas gotas de alcohol dentro de la oreja, simplemente que entre y salga, porque el alcohol al evaporarse seca el conducto. O utilizar protectores auditivos cuando estamos en el agua. También es recomendable que las personas que tengan tendencia a tener tapones de cera, acudan al otorrino para que los elimine antes del verano. Es aconsejable evitar el uso de bastoncillos de algodón, ya que pueden provocar aún más lesiones porque compactan los elementos que pueden favorecer la retención de humedad en el conducto.

La prevención de la otitis media es complicada, ya que evitar los resfriados puede ser más difícil. Sin embargo, adoptar hábitos como lavarse las manos de forma frecuente, estornudar y toser en pliegue del codo en vez de en las manos, evitar los lugares cerrados o concurridos cuando hay epidemias gripales, los cambios de temperatura brusca, la exposición al tabaco, la lactancia materna y las vacunas pueden ayudar a prevenirlos.

¿Cómo debemos hacer correctamente la limpieza de las orejas? La limpieza del conducto auditivo se centra básicamente en el oído externo. En principio la oreja se limpia sola, porque la piel que se genera dentro del conducto y el cerumen va migrando hacia la salida, se va desprendiendo y se va eliminando sola. Por tanto, la limpieza de la oreja debe ser con el dedo y la toalla hasta donde se alcance, sin intentar entrar dentro del conducto. Y si se tiene tendencia a tener tapones o piel dentro del conducto, dependiendo de la intensidad de las secreciones y de las descamaciones, se recomienda ir una o dos veces al año al otorrinolaringólogo para hacer una limpieza con los medios y las herramientas adecuadas, y prescribir un tratamiento a continuación si es necesario.