6 indicios de que tu hijo está estresado

Niña preocupada

Hay personas que han tenido una niñez feliz, dichosos ellos, y no es raro oírles decir “quién pudiera volver a la felicidad de la niñez, sin fines de mes, sin problemas en la oficina y sin más obligación que levantarse para ir al cole”… Pero también hay mucha gente para quienes la niñez no fue un camino de rositas. La infancia puede ser una etapa muy estresante, incluso infeliz, de la vida. Y probablemente, hoy más que nunca. Según un estudio llevado a cabo en el Reino Unido, al menos uno de cada diez niños tiene un trastorno mental definido (o sea, que se puede diagnosticar): estrés, depresión o ansiedad, y parece que esa proporción va en aumento.

No por ser niños son necesariamente felices. En ese sentido son iguales que los adultos. Hay muchos factores que pueden provocar una situación de tensión (o sea, estrés), desde el acoso escolar hasta las malas notas, pasando por cosas como rivalidades entre hermanos, una mudanza o la separación de los padres. Y el problema se ve acrecentado porque el niño tiene generalmente menos tiempo de ocio que los padres, y cada vez se ven sometidos a más presión, debido a las expectativas que puedan tener los padres. Los problemas descritos pueden suponer para ellos un factor enormemente agobiante.

Y puede no ser siempre fácil de detectar. A continuación, mostramos seis indicios de que algo puede estar fallando con tu hijo.

1. Se niega a ir al cole

Es relativamente frecuente oír que un niño no quiere ir al colegio. No pasa nada si es ocasional, pero si se repite con cierta frecuencia deberías pensar en que existe una razón concreta para que suceda: puede ser el miedo a los exámenes, los deberes, o falta de adaptación social y –aún peor– intimidación.

Para un niño puede ser muy frustrante ir por detrás de la clase en rendimiento escolar; incluso a alumnos brillantes que sin embargo son torpes en gimnasia, por ejemplo, o van atrasados en una asignatura concreta. Pueden creerse más torpes, o más tontos y generar aversión al colegio. Puede, finalmente, ocasionarle serios problemas.

2. Saca peores notas

Si antes tenía ochos y nueves y ahora tiene cuatros y treses, algo falla. No se pasa del notable al suspenso de la noche a la mañana. Si ves que a tu hijo le está pasando, ve a hablar con sus profesores para investigar qué sucede. Un estudio igualmente británico muestra que la principal causa de estrés infantil son los problemas académicos.

La presión a que los padres pueden someter a los niños, lógicamente con la mejor intención, puede ser excesiva. En muchos casos los niños son incapaces de quejarse, con lo que los padres no pueden ver que están apabullando al niño. Se dan casos de niños con pensamientos suicidas por no poder responder a las expectativas.

3. Come diferente

Pueden darse dos casos: come mucho más, en cuyo caso la comida le supone una evasión, o mucho menos porque ha perdido todo el interés por la comida. En esto no difieren de los adultos, y ambos tipos de problemas son una buena señal de que algo pasa.

Si come de más, puede engordar excesivamente, lo que le podrá suponer problemas, tanto de salud como sociales. Y si empieza a adelgazar en exceso, el problema puede ser aún peor.

4. Dice estar enfermo

El estrés puede somatizarse (puede generar un problema de salud real) y el niño estresado puede quejarse de dolores de cabeza o de estómago. Si es mucho más frecuente que antes, es un buen indicio de que está estresado.

También puede somatizarse con comportamientos anómalos como no poder parar quieto o, por el contrario, mostrarse apático y sin ganas de nada.

5. Duerme mal

Dormir mal puede igualmente ser sintomático de estrés. Se despiertan a mitad de la noche, les cuesta Dios y ayuda levantarse o, en casos extremos, pueden volver a mojar la cama.

Lo síntomas de un mal sueño son los mismos que en los adultos, y puede dificultar en gran medida el quehacer cotidiano. Si tu hijo se muestra anormalmente somnoliento, o más cansado de los habitual, investiga si duerme o no apropiadamente.

Ten en cuenta que tener el ordenador, el móvil o una tableta en su cuarto puede influir enormemente. No debe bajo ningún concepto acostarse con el dispositivo y jugar, o chatear, en la cama. Está más que comprobado que es un factor decisivo en un sueño de calidad.

6. Está triste

Fíjate en su comportamiento general. Si se porta mal, puede estar queriendo, incluso inconscientemente, llamar la atención. Si su conducta ha empeorado, es también un buen indicio de que algo falla.

Hay que conocer bien el comportamiento normal del niño, lo que, si ambos padres trabajan, puede no siempre resultar fácil. Pero conocerlo a fondo supondrá detectar antes cualquier comportamiento anómalo. Con frecuencia la importancia no está en lo que el niño nos cuenta, sino en lo que no nos cuenta.

Escucha

Escucha, y también traduce. Puedes detectar algún cambio de los aquí descritos y preguntar solícito a tu hijo qué le pasa, y resulta frustrante –y muy, muy frecuente- que conteste “nada”, cuando la evidencia de que algo está mal es patente.

Hay que conseguir que el niño se abra. Si le espetas la pregunta a destiempo, cuando no se la espera, puede bloquearse instantáneamente. Te corresponde a ti averiguar de qué manera vas a lograrlo. Haz algo con él, juega con él, comentad juntos una película… y lleva la conversación poco a poco al fondo de la cuestión. Ese tiempo pasado con ellos resultará de un valor insospechado, no ya para conocer un problema, sino para lograr que estéis aún más unidos.

Una vez conocido el problema, o incluso simplemente sospechado, será llegado el momento de ir al médico de familia; si el niño se muestra renuente, ve sin él. En cualquier caso, podrá sugerir cómo abordar el problema.