La angustia de no tener el móvil: la nomofobia

Madre regaña a niña con el móvil

Antes, hace unos pocos años, no podíamos prever el cambio tan drástico que nos han traído los móviles o, mejor dicho, los smartphones. La aparición de los móviles, en tanto que nos permitía estar localizable en cualquier momento (y localizar, a nuestra vez, a cualquiera de nuestros contactos) supuso un ventaja indiscutible. Pero con las nuevas aplicaciones en cuanto a conectividad de los dispositivos móviles, esta ventaja pasó a ser una auténtica revolución, como en su momento pudo suponer internet.

Ahora disponemos de aplicaciones para realizar en el instante prácticamente cualquier cosa, desde pagar un recibo hasta controlar nuestro estado de salud, pasando por un sinfín de actividades impensables hasta ahora. Tantas, que es probablemente imposible estar al día en las posibilidades que nos ofrece la tecnología.

Pero no todo es así de bonito, y los smartphones tienen su lado oscuro. Recientemente se ha descrito un trastorno consistente en la ansiedad, incluso angustia, que puede suponer no llevar encima el móvil. Se le ha llamado nomofobia, o PSA (Phone Separation Anxiety).

La nomofobia

Es abreviatura de No Mobile Phobia, o fobia a verse sin móvil. Puede generar un estado de ansiedad insospechado. Los síntomas habituales de la nomofobia son:

  • La consulta constante del móvil, a fin decomprobar cualquier nueva entrada de alguna de las aplicaciones: SMS, “posts” en chats, mensajes de correo electrónico, noticia relevante, etc.
  • Pensar que el móvil puede estar sonando, o en modo vibración y creer que no lo oímos, o notamos.
  • Uso indiscriminado del dispositivo, hasta en los lugares más inapropiados, como estando con más gente, en el cuarto de baño, en una reunión, etc.
  • La ansiedad que produce no tenerlo a mano o incluso a la vista y por tanto no poder consultarlo.

Cualquiera que tenga móvil puede caer en la nomofobia. Una estadística reciente, elaborada por Statista, muestra que, en 2016, más del 80% de los españoles tiene uno y que pasa, al menos, 2,11 horas al día frente a su pantalla. Otro dato, aún más grave, proporcionado por SecurEnvoy, en el Reino Unido: hasta el 66% de la población con móvil padece algún grado de nomofobia. Añade que las mujeres son las más proclives a padecerlo, fundamentalmente entre los 18 y los 34 años de edad.

Sus efectos

Hay dos apartados fundamentales: la salud mental del nomófobo y su vida social.

En lo tocante a la salud, los constantes avisos y alarmas que indican cualquier novedad pueden provocar un estado anormal de tensión, lo que va a perjudica, cuando no impedir, en nuestro rendimiento en otras tareas, ya sean laborales o personales. También puede causar trastornos de sueño, aumento del estrés e incluso depresión, fundamentalmente en adultos jóvenes de ambos sexos.

En lo referente a la vida social, tiene un claro impacto negativo en las relaciones interpersonales. Todos hemos vivido situaciones en que nuestro interlocutor coge su móvil y se pone a consultarlo, dejándonos poco menos que con la palabra en la boca. El rechazo a esta situación –en realidad a nuestro interlocutor en cuestión- es evidente. Esto queda reflejado en un estudio de la Universidad de Essex, que alerta sobre este creciente problema.

¿Tienes nomofobia?

Ya sabes cuál es el síntoma más claro: necesidad acuciante por tener contigo el móvil, independientemente de las circunstancias en que te encuentres, para revisarlo.

Cuestiónate en qué grado estás incómodo sin el móvil, y en qué medida te preocupa tenerlo descargado. Si crees que es alto (y debes ser sincero), quizá debas plantearte una estrategia de desintoxicación, como si de una droga se tratara. Haz un esfuerzo para consultar el móvil cuando realmente sea necesario, y cuando no suponga una interferencia con quienes te rodean.

Pon lo en silencio, de modo que las alertas y avisos no te bombardeen constantemente. Pasa algún tiempo sin él, a ver cómo lo llevas. Atrévete incluso a pasar de él un fin de semana entero y, de nuevo, sé sincero: ¿Te ha afectado tanto no ver constantemente ese chat intrascendente o no recibir antes del lunes ese e-mail? A lo mejor te llevas una sorpresa, y compruebas que no te ha importado tanto y que tu nivel de estrés ha bajado.

La nomofobia se cura y eso que te proponemos puede ser el primer paso para librarte de esas angustias. En todo caso, sólo tú –quizá con algo de ayuda de amigos y familiares- puedes abordar la solución de lo que puede llegar a ser un problema real como es depender por completo de un dispositivo.