Fotoprotección y sentido común

Las recomendaciones de fotoprotección incluyen medidas que bloquean la absorción de la radiación ultravioleta (UV) por la piel (ropa, sombrero, sombrilla, filtros solares) combinadas con el uso del sentido común.

Es fundamental para cada persona conocer su fototipo, es decir, el tipo de piel respecto a la cantidad de rayos UV que puede soportar sin quemarse. Cuanto más claro sea el fototipo, mayores necesidades de protección. Igualmente, debe extremarse la protección en niños y adolescentes, ya que las quemaduras en los primeros 20 años se relacionan con el riesgo de desarrollar un cáncer de piel en el futuro. La radiación es más intensa entre las 11 y las 16 horas, por lo que debe evitarse la exposición al sol en ese periodo. El ámbito de protección no se tiene que restringir a la playa, sino a todas las actividades que se realizan al aire libre, tanto de ocio, como deportivas o laborales. Hay que recordar que en determinadas situaciones la intensidad de los rayos UV no disminuye tanto como cabría pensar, como en los días nublados de verano, dentro del agua o bajo una sombrilla.

En la actualidad la medida de fotoprotección más habitual es el uso de cremas con filtro solar. Se trata de unos productos químicos que, aplicados sobre la piel, atenúan los riesgos y la acción perjudicial de la exposición a los rayos solares. Conviene no sobreestimar su eficacia, ya que no lo son todo en las medidas de protección al no proteger absolutamente de la radiación ultravioleta (UV). Su utilidad disminuye si ofrecen una falsa sensación de seguridad que provoque más tiempo de exposición al sol.

La elección del protector se suele decidir en función del factor de protección solar (FPS), que es el índice que mide la capacidad protectora del filtro frente a los UV y que figura en la etiqueta con un número. Así, un producto con FPS 15 nos indica que la piel en la que se aplica puede estar expuesta a los rayos UVB 15 veces más tiempo sin quemarse que esa misma piel sin el filtro. Por tanto, el FPS es sólo un valor orientativo sobre el tiempo durante el cual el filtro evita la quemadura solar, y por elevado que sea no va a suprimir el bronceado. Tampoco es un valor absoluto desde el punto de vista que muchos factores pueden variar el efecto real del FPS, como la forma y cantidad de su aplicación, el tipo de excipiente, su resistencia al agua o la transpiración. Aunque el mínimo FPS que tiene utilidad de fotoprotección es el FPS 15, en personas de piel clara es necesario el uso de filtros de FPS 40 a 60.

Fotoprotectores químicos y filtros físicos

Podemos distinguir dos tipos principales de fotoprotectores según su mecanismo de acción. En primer lugar, los fotoprotectores químicos, que absorben la luz solar, evitando así que la radiación dañe la piel. Por otro lado, existen los llamados filtros físicos. Son sustancias inertes formuladas a base de polvos minerales que reflejan la radiación como un espejo. Los químicos son el tipo de protector más usado al ser fáciles de aplicar y más cosméticos, ya que no dejan residuo en la piel como los físicos. Es necesario ponerlos por lo menos 30 minutos antes de exposición solar, ya que la piel tiene que absorber el fotoprotector para que ser eficaz.

Además, al ser absorbidos, estos protectores pueden causar alergias o intolerancias, por lo que son menos recomendados en los niños. Los filtros físicos son más eficaces ya que bloquean los UVA y los UVB, actúan desde el mismo momento de ser aplicados y tienen menos riesgo de alergia. Sin embargo, son menos cosméticos. De todas formas, en la actualidad existen muchas formulaciones que incluyen filtros físicos y químicos, combinando así eficacia y cosmética adecuada a cada tipo de piel, ya sea la más delicada de los niños, así como pieles secas que requieren excipientes hidratantes o pieles grasas que necesitan fórmulas más fluidas.