Una encía sana nunca sangra

El término enfermedad periodontal (antiguamente piorrea) describe una infección localizada que afecta a los tejidos que soportan y rodean a los dientes.

Suele presentarse previamente en forma de gingivitis, que es una condición reversible en la que se produce una inflamación de los tejidos situados alrededor de los dientes. Las personas con gingivitis tienen las encías blandas y rojizas, que pueden sangrar bajo una presión moderada como es el cepillado de dientes.

La periodontitis es una condición inflamatoria progresiva que destruye las fibras de la encía que rodean al diente. Asimismo, se produce la pérdida del hueso adyacente y puede, eventualmente, ocasionar la pérdida de los dientes.

Una enfermedad muy frecuente

La enfermedad periodontal o periodontitis es muy frecuente: aproximadamente el 50% de los adultos sangran por las encías y más del 80% muestran una evidencia objetiva de enfermedad periodontal. La prevalencia y severidad de la enfermedad aumenta marcadamente con la edad. El 8% de los adultos menores de 65 años y el 34% de los mayores de 65 años muestran evidencia de una destrucción avanzada de los tejidos que rodean al diente.

La severidad de la enfermedad periodontal es también mayor entre las personas con diabetes y, además, en pacientes con otros factores de riesgo como los fumadores, pacientes con cambios hormonales y los sometidos a estados de estrés.

Para todas las personas, la clave para prevenir la enfermedad periodontal estriba en una buena higiene oral y un mantenimiento dental regular. Hay que tener en cuenta también que en los pacientes diabéticos, es crucial un buen control de la glucemia; la diabetes mal controlada favorece o promueve el desarrollo de la enfermedad periodontal.

Una buena higiene

Para eliminar la placa bacteriana de los dientes se debe actuar de la siguiente manera:

  • Cepillarse los dientes con un cepillo suave y una pasta dentífrica fluorada tres veces al día, especialmente antes de acostarse.
  • Enjuagar cuidadosamente el cepillo después de cada lavado, guardándolo verticalmente (con las cerdas hacia arriba) y sustituirlo al menos cada tres meses (ya que puede mantener bacterias)
  • Utilizar hilo dental, cepillos interproximales, colutorios (como ayuda química para complementar al cepillado), limpiadores de puentes, pulverizadores u otros accesorios de limpieza que hayan sido recomendados por el dentista/periodoncista.
  • Destacar la importancia de una revisión regular al menos una vez cada 6 meses (o de acuerdo con la frecuencia recomendada por el periodoncista)
  • Animar a los pacientes para que pidan a su periodoncista/odontólogo/higienista instrucciones o accesorios que les permita cuidar mejor de su salud dental.
  • Recomendar que el paciente visite al odontólogo si tiene halitosis (mal aliento), mal sabor de boca, encías sangrantes o inflamadas, si tiene dificultad para masticar o si se le mueven los dientes.

Normalmente se acude al odontólogo cuando la enfermedad periodontal lleva años de evolución, lo cual plantea problemas más complejos. Una encía sana nunca sangra. Por lo tanto, es muy importante una prevención adecuada para que la enfermedad no aparezca.